BEIRUT — Durante décadas, Irán construyó metódicamente una red regional de alianzas , siguiendo una estrategia para expandir su influencia desde el Golfo hasta el Mediterráneo. Siria, bajo el gobierno de la familia Assad, sirvió como eje de este plan: un vínculo vital que conectaba a Teherán con su aliado regional más poderoso, Hezbollah, y aseguraba la presencia de Irán en el Levante. Sin embargo, hoy ese eje, otrora formidable, cuidadosamente tejido durante 40 años, se está desmoronando.
El colapso del régimen del presidente sirio Bashar al-Assad en diciembre de 2024 asestó un golpe devastador a las ambiciones regionales de Teherán. Lo que comenzó como una estrategia audaz para desafiar a Israel y reconfigurar el equilibrio de poder en Medio Oriente ahora parece cada vez más frágil, con la influencia de Irán vacilando y sus aliados bajo asedio. La salida de Assad marca no solo el fin de su régimen, sino también un cambio profundo en el panorama geopolítico de la región, que deja a Irán luchando por mantener su posición en un entorno cada vez más hostil.
Siria: el frágil pilar del eje
El papel de Siria en la estrategia de Irán siempre ha sido fundamental. Desde principios de los años 1980, Siria proporcionó un puente geográfico que permitió a Teherán armar y apoyar a Hezbolá en el Líbano , lo que le dio a Irán una influencia directa sobre Israel. Esta asociación comenzó a tomar forma durante un momento tumultuoso en la historia de Medio Oriente: la invasión israelí del Líbano en 1982, que coincidió con la retirada de Irak de Khorramshahr durante la guerra entre Irán e Irak.
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