Con el derrumbe del gobierno de Bashar al-Assad —piedra angular de la influencia de Moscú en Oriente Medio—, el foco geopolítico de Rusia se ha desplazado hacia Libia. Múltiples informes indican que Moscú ha iniciado vuelos a una base aérea en el desierto libio mientras evacua parte de su presencia militar de Siria.
Los datos de seguimiento de vuelos analizados por CNN la semana pasada revelaron que, desde mediados de diciembre, los aviones de transporte Antonov AN-124 y los aviones Ilyushin IL-76 de Moscú han estado realizando más de un vuelo por día desde la base aérea de Hmeimim en Siria a Al-Khadim, una base cerca de Bengasi en el este de Libia. La noticia coincide con los informes de Siria que indican que Moscú ha estado evacuando Hmeimim desde la caída de Assad el 8 de diciembre, mientras que todavía mantiene una presencia en su única base naval en el Mediterráneo en la ciudad siria de Tartous.
Esta recalibración refleja el intento de Moscú de mantener su influencia global mediante su participación en el fragmentado y complejo panorama del norte de África. Sin embargo, el cambio estratégico de Siria a Libia expone limitaciones significativas en el enfoque de Rusia y revela los desafíos inherentes a la navegación en la dinámica y el panorama geopolítico distintivos de Libia.
Cimientos frágiles en Libia
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