Después de que el presidente estadounidense Donald Trump comenzara su segundo mandato lanzando una andanada arancelaria contra los principales socios comerciales de Estados Unidos, los efectos dominó de sus políticas económicas comenzaron a crear oportunidades y desafíos en Medio Oriente y el Norte de África (MENA).
Trump, que asumió el cargo el 20 de enero, actuó rápidamente para introducir un nuevo arancel del 25% sobre los productos de Canadá y México, junto con un gravamen adicional del 10% sobre las importaciones chinas, todo ello previsto para principios de febrero. Sus acciones alimentaron rápidamente los temores de una guerra comercial mundial, con una serie de implicaciones en la región MENA, pero no todas ellas malas.
Por ejemplo, los exportadores de materias primas de la región MENA podrían sacar provecho de la turbulencia arancelaria. El 3 de febrero, Reuters informó que los compradores de metales estadounidenses podrían recurrir a Oriente Medio si entraran en vigor nuevos aranceles sobre Canadá. Además, Bloomberg informó el mismo día que los operadores creen que las refinerías de petróleo estadounidenses recurrirían a América Latina y Oriente Medio para reemplazar los crudos canadienses y mexicanos si las amenazas arancelarias se hicieran realidad.
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