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WASHINGTON — Lo que los líderes de Israel llaman una táctica de negociación, los palestinos lo llaman un castigo colectivo.
El 2 de marzo, Israel anunció la suspensión inmediata de la entrada de ayuda humanitaria y suministros comerciales a Gaza, y una semana después, desconectó el suministro eléctrico de una planta desalinizadora, la última instalación del territorio que aún recibía energía de la Corporación Eléctrica de Israel. La planta, que abastece a 600.000 residentes, funciona actualmente al 30 % de su capacidad con generadores de emergencia.
Ni un solo camión de ayuda ha entrado por los cruces fronterizos de Gaza controlados por Israel en 11 días, lo que ha provocado un aumento en los precios de los alimentos, los medicamentos y el combustible. Naciones Unidas afirma que el precio de algunas verduras y harina se ha duplicado desde que Israel interrumpió el flujo de mercancías.
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