Hasta ahora, Medio Oriente ha evitado en gran medida las consecuencias directas dela andanada arancelaria del presidente estadounidense Donald Trump, pero la próxima salva en su reinicio del comercio global podría remodelar un sector clave para las ambiciones tecnológicas regionales: los semiconductores.
El 14 de abril, el Departamento de Comercio de EE. UU. reveló una investigación de seguridad nacional sobre las importaciones de tecnología de semiconductores, una investigación considerada ampliamente como precursora de nuevos aranceles radicales destinados a reducir la dependencia estadounidense de los fabricantes de chips de Asia Oriental. Un día antes, Trump anunció que pronto revelaría los aranceles sobre los semiconductores y también sugirió que ciertas empresas podrían recibir exenciones.
El gobierno no ha publicado más detalles, pero incluso la perspectiva de nuevos aranceles ya está sacudiendo el panorama tecnológico global. Un ejemplo: el gigante estadounidense de chips de IA, Nvidia, se comprometió el 14 de abril a invertir hasta 500 000 millones de dólares en infraestructura de IA en Estados Unidos, en colaboración con Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC).
A pesar de esta muestra de alineación con los objetivos industriales de Estados Unidos, apenas 24 horas después Nvidia reveló que el gobierno estadounidense le había dicho a la compañía que necesitaría una nueva licencia para exportar sus chips H20 a China, un nuevo obstáculo que impacta ventas por miles de millones.
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