El Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) anunció el lunes que había puesto fin a su campaña armada de más de cuatro décadas contra el Estado turco, marcando el comienzo de una nueva era en la larga lucha de los kurdos por sus derechos políticos y culturales.
“El PKK ha cumplido su misión histórica” y ha logrado que la cuestión kurda pueda resolverse mediante la política democrática”, declaró el grupo militante en un comunicado. “Con ello, concluyeron las actividades realizadas bajo el nombre del PKK”.
El anuncio sigue a la convocatoria de un congreso por parte del grupo del 7 al 9 de mayo en respuesta a un llamado de su líder encarcelado, Abdullah Ocalan , el 27 de febrero, quien dijo que su guerra se había vuelto obsoleta.
El anuncio del lunes es la culminación de más de un año de conversaciones secretas entre el gobierno del presidente Recep Tayyip Erdogan y Ocalan , destinadas a lograr que los militantes depongan las armas y establezcan una "Turquía libre de terrorismo".
El ministro de Justicia turco, Yilmaz Tunc, calificó el momento como un "punto de inflexión significativo" para Turquía al "eliminar la calamidad del terrorismo, uno de los principales impedimentos para el desarrollo, la unidad y la solidaridad de nuestro país". El ministro de Asuntos Exteriores, Hakan Fidan, lo calificó de "histórico e importante" y expresó su convicción de que conduciría a una "paz y estabilidad duraderas". Fidan señaló, no obstante, que "es necesario tomar medidas prácticas" y que el gobierno estaría observando atentamente la situación.
Al momento de publicar este artículo, Erdogan aún no había hecho comentarios sobre lo que potencialmente se perfila como uno de los logros más significativos de su reinado de 23 años.
Su silencio refleja la extrema cautela de su gobierno durante todo el proceso, que permanece envuelto en secretismo. Se sabe poco sobre los beneficios que los kurdos podrían obtener, aparte de la mejora de las condiciones de vida de Öcalan, quien ha permanecido en régimen de aislamiento en la isla-prisión de Imrali desde su captura en 1999, y las medidas legales que permitirían la reducción de las condenas o la libertad de miles de presos políticos que cumplen condenas por delitos de terrorismo vinculados al PKK.
Sin duda, hasta el momento no ha habido júbilo ni proclamaciones de victoria por parte de ninguno de los dos bandos, ya que Erdogan teme una posible reacción pública que pueda erosionar aún más el apoyo electoral, y los kurdos, a su vez, temen que pueda abandonar el esfuerzo como lo hizo en 2015. Fue entonces cuando fracasó el segundo intento de su gobierno por llegar a un acuerdo con Öcalan. Un obstáculo clave fue que el mayor partido prokurdo —que se ha reagrupado bajo un nuevo nombre, el Partido DEM— no respaldó sus planes de concentrar el poder en sus manos bajo un nuevo sistema presidencial ejecutivo introducido en 2018. La otra razón fue la negativa del PKK a unirse a la lucha con los rebeldes suníes apoyados por Turquía para derrocar al régimen de Asad.
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