El lunes en Bengasi, las Fuerzas Armadas Árabes Libias (LAAF) del Mariscal de Campo Khalifa Haftar organizaron un desfile militar de una escala sin precedentes, presentando un arsenal de vehículos blindados, sistemas de defensa aérea, artillería de cohetes y formaciones de infantería.
El evento no solo fue una demostración de fuerza, sino que marcó un cambio cualitativo en la capacidad militar. Más significativamente, sirvió como una reafirmación pública del creciente apoyo material de Rusia a la facción dominante en el este de Libia. Si bien el Gobierno de Unidad Nacional (GNU), con sede en Trípoli, sigue siendo la autoridad reconocida por la ONU, con el respaldo militar de Turquía, la demostración de potencia de fuego y respaldo extranjero de Haftar supone un desafío directo al equilibrio político y militar de Libia y a la estabilidad regional.
El escaparate de LAAF
Alrededor de 13.500 soldados de infantería marcharon en formación junto a unidades de élite: fuerzas especiales, paracaidistas, ingenieros, equipos QBRN (químicos, biológicos, radiológicos y nucleares) y elementos de guerra electrónica. Pero fueron los recursos terrestres y aéreos los que transmitieron el mensaje principal. La LAAF presentó sistemas de defensa aérea Tor-M2E y Pantsir-S1 de suministro ruso, helicópteros Mi-26 y docenas de camiones militares Kamaz y Ural. El blindaje mejorado incluía tanques T-72 enjaulados y T-62 modernizados, modificados para contrarrestar drones con vista en primera persona (FPV) y misiles guiados antitanque (ATGM), adaptaciones que reflejan las prácticas de combate perfeccionadas por las fuerzas rusas en Ucrania.
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