WASHINGTON — Mientras sus negociadores trabajan para concretar un cese del fuego entre Israel y Hamas, el presidente Donald Trump enfrenta un gran obstáculo: cumplir con la demanda del grupo militante de que cualquier acuerdo garantice el fin permanente de la guerra.
Su administración ha intensificado su diplomacia para lograr un alto el fuego duradero en la guerra de 21 meses que ha matado a unos 57.000 palestinos, ha dejado el enclave costero en ruinas y ha puesto en peligro las aspiraciones de Trump de un compromiso regional con Israel.
Funcionarios de Israel y Hamás se están reuniendo con mediadores en Doha, Qatar, esta semana para mantener conversaciones indirectas sobre un acuerdo que detendría la guerra y aseguraría la liberación de los 50 rehenes restantes, menos de la mitad de los cuales las autoridades israelíes creen que aún están vivos.
Sobre la mesa se encuentra una tregua de 60 días, respaldada por Estados Unidos, similar al alto el fuego que se rompió en marzo. El acuerdo estipula que Hamás devuelva a 10 rehenes vivos y los restos de otros 18 a cambio de un número de prisioneros palestinos a convenir y un aumento de la ayuda humanitaria.
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