Mientras Estados Unidos presiona a sus aliados europeos de la OTAN para que aumenten el gasto de defensa, al mismo tiempo está reduciendo sus propios compromisos militares, creando una oportunidad para que Turquía posicione su industria de defensa como un proveedor clave.
Turquía ya está tomando medidas concretas para ampliar su papel en la alianza, vendiendo drones, vehículos blindados y plataformas navales a aliados europeos, a la vez que participa en programas de desarrollo conjunto. Ante la escasez de producción y los desafíos de interoperabilidad en Europa, la agilidad industrial de Ankara ofrece una posible solución, incluso cuando las sanciones y las dependencias tecnológicas limitan el alcance de sus contribuciones.
Desde el primer mandato de Trump (2017-2021), Estados Unidos ha señalado que podría no defender a los aliados que no cumplan con el objetivo acordado de gastar al menos el 2% de su renta nacional en defensa, fijado en la cumbre de la OTAN de 2014 en Gales. Esa cifra se elevó al 5% para 2035 en la cumbre de junio en La Haya.
Según el Artículo 5 del Tratado de la OTAN, un ataque contra un aliado se considera un ataque contra todos, lo que pone de relieve lo que está en juego al cumplir estos compromisos.
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