La reunión de esta semana en la Casa Blanca entre el presidente Donald Trump y el príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman ha dejado a muchos israelíes profundamente preocupados. A sus ojos, la fastuosa bienvenida brindada al líder saudí no solo señala el probable fin del estatus privilegiado del que Israel ha gozado durante décadas en Washington —lo que refleja la erosión de su poder de influencia— sino que también ha generado dudas sobre las perspectivas de establecer relaciones oficiales con el reino.
Normalización fuera de la tabla
«La visita de MBS a la Casa Blanca es una derrota para Israel», declaró a Al-Monitor una fuente diplomática israelí de alto rango, bajo condición de anonimato, refiriéndose al príncipe heredero por su monograma. «Es cierto que no es una victoria aplastante, pero sigue siendo una derrota. En definitiva, esta visita ha logrado que los saudíes consiguieran que Trump rompiera el vínculo entre la normalización de las relaciones con Israel y las ventajas y desventajas que Estados Unidos estaría dispuesto a pagar por ella».
La fuente diplomática israelí de alto rango se refería al intercambio de favores que en los últimos años se había convertido en una faceta de la política estadounidense en Oriente Medio: los estadounidenses accederían a diversas peticiones militares y tecnológicas saudíes a cambio de que Riad estableciera relaciones diplomáticas con Israel. Antes de la visita del príncipe Mohammed, muchos en Israel esperaban un anuncio, aunque fuera vago, sobre la normalización.
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