La próxima visita del presidente sirio Ahmed al-Sharaa a Washington para reunirse con su homólogo estadounidense el 10 de noviembre podría resultar crucial para los esfuerzos de Damasco por conseguir las inversiones necesarias para estabilizar y reconstruir el país devastado por la guerra. Un logro fundamental en el alivio de las sanciones será clave para ello.
La coincidencia es notable. Hace un año, Sharaa lideraba Hayat Tahrir al-Sham, un grupo rebelde considerado organización terrorista por Estados Unidos, que estaba a punto de lanzar la ofensiva relámpago que derrocó al régimen de Bashar al-Asad el pasado diciembre. Ahora, un año después, como jefe de Estado de Siria, Sharaa ha emprendido una ofensiva diplomática internacional que lo está llevando a la Casa Blanca.
“La visita de Sharaa es un hito en muchos aspectos, que refleja el drástico cambio que han experimentado las relaciones entre Estados Unidos y Siria en el último año”, dijo a Al-Monitor Steven Heydemann, profesor de Estudios de Oriente Medio en Smith College.
El viaje representa un firme respaldo al nuevo gobierno sirio, así como su alineación con la órbita de Estados Unidos. Sin embargo, la imagen que proyecta la visita es tan importante como sus resultados, y lo que está en juego es enorme para Damasco, ya que Sharaa busca poner fin al aislamiento económico y acelerar la reconstrucción mientras las sanciones estadounidenses siguen paralizando la inversión.
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