Las recientes protestas en Irán, provocadas por el alza de los precios, se convirtieron en uno de los desafíos más graves para el clero desde la Revolución Islámica de 1979. Si bien los disturbios han remitido en gran medida, dejaron casi 2.345 manifestantes y 153 agentes de seguridad muertos, lo que expuso profundas divisiones sociales, económicas y políticas.
Uno de los puntos álgidos fue la provincia de Sistán-Baluchistán, al sureste de Irán, donde los disturbios se cruzaron con antiguas tensiones étnicas y sectarias. A medida que la inestabilidad se extendía en la provincia fronteriza, la crisis adquirió una dimensión regional, poniendo a prueba el aparato de seguridad de Teherán y suscitando la preocupación de que se extendiera a los vecinos Pakistán y Afganistán.
Sistán-Baluchistán es una región particularmente sensible. La etnia baluchis —en su mayoría sunitas— representa aproximadamente dos tercios de la población de la provincia, a pesar de representar solo alrededor del 2% de Irán. Los chiitas representan más del 90% de la población iraní, mientras que los sunitas y otras minorías musulmanas representan aproximadamente el 9%. El subdesarrollo crónico y la marginación política han convertido a la provincia en un foco recurrente de agitación.
Movilización baluchi
AL-MONITOR All-Access gives you unlimited access to all our journalism, the full Daily Briefing, exclusive interviews, premium newsletters, and live events — for less than $2/week.