El bloqueo generalizado de internet en Irán alcanzó niveles sin precedentes el 20 de marzo, extendiéndose por cuarta semana y superando el récord anterior del país, establecido en enero. Este hito llega sin que se vislumbre un alivio para los iraníes de a pie, y los expertos prevén una crisis de conectividad que podría prolongarse indefinidamente.
El panorama es desolador: casi la totalidad de los aproximadamente 90 millones de habitantes de Irán se han quedado sin acceso a internet a nivel mundial después de que las autoridades cortaran la conexión a las pocas horas de que comenzaran los ataques aéreos estadounidenses e israelíes el 28 de febrero. "Actualmente estamos sufriendo el bloqueo más largo de la historia de Irán", declaró Doug Madory, director de análisis de internet de la empresa de monitorización de redes Kentik, a Al-Monitor.
Si bien el bloqueo de enero comenzó a suavizarse después de unos 10 días, el confinamiento actual ha mantenido a cerca del 99 % de la población prácticamente sin conexión desde el principio. Pero bajo esa interrupción casi total de las comunicaciones se esconde una realidad más compleja, marcada por la adaptación, las lagunas legales y una lucha constante entre los usuarios que buscan acceso y las autoridades que intentan bloquearlo.
El resultado no es un simple interruptor de encendido y apagado, sino un sistema de control por capas. Desde enero, Irán ha pasado de bloquear sitios web individuales a imponer lo que se ha denominado una internet "restringida", permitiendo el acceso solo a servicios autorizados y bloqueando el resto de la web. Esto ha creado, de hecho, un sistema nacional de dos niveles que prohíbe el acceso a internet a la población en general.
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