TEHERÁN — La declaración del presidente estadounidense de un "Día D económico" contra Irán esta semana parece indicar una nueva estrategia que va más allá de las campañas de sanciones que Teherán ha aprendido a resistir. Sin embargo, la importancia de la amenaza radica quizás menos en su dramática denominación que en el profundo cambio que se ha producido en torno a las circunstancias que la rodean.
Trump prometió la "operación económica más aplastante jamás emprendida contra país alguno", advirtiendo a los países e instituciones que proporcionan a Irán un "salvavidas" económico de "enormes consecuencias económicas". El secretario del Tesoro, Scott Bessent, también anunció que detallará las medidas el lunes, al tiempo que advirtió que los países que mantienen vínculos económicos con Teherán podrían enfrentar graves consecuencias.
Washington busca cerrar los canales que permitieron a Irán sobrevivir a la presión anterior: el contrabando de petróleo, la banca en la sombra, las empresas fachada y el comercio a través de terceros países. Pero esta vez, Estados Unidos ejerce esa presión sobre un país ya castigado por meses de guerra y un bloqueo cada vez más efectivo.
Esto plantea la cuestión fundamental de si Washington será capaz ahora de convertir el sufrimiento económico en las concesiones políticas que no ha logrado obtener a través de décadas de sanciones.
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