TEHERÁN — La reacción del vicepresidente iraní, Mohammad Reza Aref, el viernes ante los últimos avances de los hutíes en Yemen fue inusualmente amplia. «Nos complacen las victorias del heroico pueblo de Yemen», escribió en X, e hizo un llamamiento a los líderes regionales para que adopten «la racionalidad, la independencia y la unidad en torno a la bandera del Islam».
Los hutíes tomaron el puerto de Mokha el jueves antes de avanzar hacia el estrecho de Bab el-Mandeb, ocupando posiciones que incluyen la estratégica isla de Mayun y la ciudad costera de Dhubab.
El gobierno yemení, respaldado por Arabia Saudí, ya se ha comprometido a revertir los avances de los hutíes e impedir que Yemen sea utilizado como instrumento de chantaje geopolítico por Irán. Aviones saudíes también han atacado posiciones en los alrededores de Mokha, y la reanudación de los combates amenaza con convertir un conflicto que se había congelado en gran medida tras la tregua de 2022 en otra guerra prolongada.
El avance de los hutíes puede haber otorgado a Teherán una importante ventaja en su conflicto con Estados Unidos y sus aliados regionales. Sin embargo, utilizarlo abiertamente como instrumento militar podría socavar los esfuerzos diplomáticos de Irán, extender la guerra y convertir una valiosa herramienta de presión en otro lastre estratégico.
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