Las políticas de integración de Trump se basan en los lazos con los países del Golfo, Turquía y el éxito en Siria.
La influencia de Irán y el potencial de un nuevo conflicto complican el progreso en Irak.
La creciente confrontación entre Estados Unidos e Irán acapara los titulares. Sin embargo, lo que está en juego es, en menor medida, un esfuerzo histórico por integrar el Golfo Pérsico y el Levante en un Oriente Medio más próspero e interconectado.
Durante décadas, los estados árabes del Golfo Pérsico han impulsado un modelo de desarrollo que prioriza la gobernanza, la inversión y el crecimiento económico. Este cambio es generacional y transformador. Los estados del Golfo se han integrado a la economía global, han invertido fuertemente en inteligencia artificial y tecnologías emergentes, y se han posicionado como centros comerciales que conectan Oriente y Occidente, sin dejar de lado su identidad y cultura árabes.
Hoy, esta visión se extiende más allá de la Península Arábiga. Los líderes del Golfo reconocen una oportunidad única para profundizar la integración con el Levante tras la transición de Siria de Bashar al-Assad a Ahmad al-Sharaa.
En muchos sentidos, la integración supone un retorno al papel histórico del Levante. Durante siglos, la región fue una encrucijada de comercio, culturas, religiones e ideas, que unía Europa, el Mediterráneo, Mesopotamia y la península arábiga. Ciudades como Damasco, Beirut y Bagdad florecieron como centros de comercio e intercambio cultural.