El ataque con drones que incendió un buque cisterna de almacenamiento de gas de propiedad estadounidense en el puerto egipcio de Damietta, en el Mediterráneo, el 29 de julio, fue rápidamente controlado. Sin embargo, desde el punto de vista estratégico, el incidente podría desencadenar problemas mucho más difíciles de resolver.
Por primera vez desde que estalló la guerra entre Estados Unidos e Irán hace cinco meses, un ataque hostil vinculado al conflicto impactó territorio egipcio, lo que generó preocupación por la posibilidad de que la nación más poblada del mundo árabe se vea directamente involucrada en la creciente guerra . Las autoridades egipcias han reforzado la seguridad en torno a los puertos y la infraestructura crítica mientras investigan el ataque y evalúan una respuesta.
Ningún grupo se ha atribuido la responsabilidad. Los hutíes en Yemen han negado su participación, y el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, sugirió que Israel podría estar detrás del ataque, advirtiendo sobre operaciones de "falsa bandera". Al mismo tiempo, fuentes iraníes anónimas declararon al New York Times que el ataque tenía como objetivo demostrar la capacidad de Teherán para amenazar el transporte marítimo mundial y el suministro de energía si decidiera intensificar aún más el conflicto.
La huelga representa más que un incidente de seguridad aislado, y ha desatado especulaciones sobre posibles ataques al Canal de Suez en un momento en que esta vía fluvial constituye una de las últimas salidas para las exportaciones de petróleo del Golfo. Para Egipto, el incidente también indica que el conflicto podría generar nuevas turbulencias internas.
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