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Analysis

¿Puede el nuevo presidente de Irán desafiar a los poderosos partidarios de la línea dura del país?

Desde la reactivación del acuerdo nuclear y la reparación de la maltrecha economía hasta el alivio de las restricciones del hijab y la mejora de los derechos de las mujeres, el presidente reformista ha hecho promesas ambiciosas al electorado desilusionado.

Iranian reformist candidate Masoud Pezeshkian (C-R) and Iran's former foreign minister Mohammad Javad Zarif (C-L) gesture after voting in Tehran on July 5, 2024. Polls opened on July 5 for Iran's runoff presidential election, the interior ministry said, pitting reformist candidate Masoud Pezeshkian against ultraconservative Saeed Jalili in the race to succeed Ebrahim Raisi, who died in a May helicopter crash. (Photo by ATTA KENARE / AFP) (Photo by ATTA KENARE/AFP via Getty Images)
El nuevo presidente iraní Masoud Pezeshkian (CR) y el ex ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Mohammad Javad Zarif (CL), hacen un gesto después de votar en Teherán el 5 de julio de 2024. — ATTA KENARE/AFP vía Getty Images

El reformista Masoud Pezeshkian, que alguna vez fue un legislador de bajo perfil, es ahora el nuevo presidente de Irán luego de su victoria en una segunda vuelta el viernes, donde venció a su rival ultraconservador Saeed Jalili en una larga carrera definida por la amargura entre facciones.

Las elecciones se celebraron tras la muerte del presidente Ebrahim Raisi en un accidente de helicóptero junto con otros funcionarios iraníes el 19 de mayo.

Según los resultados oficiales, Pezeshkian obtuvo 16,3 millones de los 30,5 millones de votos, dejando atrás a Jalili con 13,5 millones de votos. La participación electoral fue del 49,8%, cifra superior a la de la primera vuelta del 28 de junio, que registró la participación electoral más baja jamás registrada en la historia de Irán tras los boicots de alrededor del 60% del electorado, cuya apatía se explicaba por el descontento con una serie de enfermedades económicas y agravios en materia de derechos humanos.

Con el apoyo más pobre de los votantes elegibles en cualquier elección presidencial iraní (sólo el 26%), Pezeshkian ya está lidiando con la cuestión de la legitimidad , que, como era de esperar, le plantearán sus rivales de línea dura durante su mandato.

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