TEHERÁN — A medida que 2024 se acerca a su fin, Irán se encuentra en una encrucijada. El año ha traído consigo una serie de desafíos que han puesto a prueba su influencia regional y su resiliencia interna, dejándolo con incertidumbres por delante .
Las guerras israelíes en Gaza, Líbano y Yemen, donde Irán ha estado fomentando la existencia de aliados durante décadas, pusieron de relieve la disminución del poder de la República Islámica más allá de sus fronteras. Israel mató a destacados dirigentes de grupos proiraníes (entre los que destacaban el jefe de Hezbolá, Hassan Nasrallah, y su aparente heredero, Hashem Safieddine, así como al jefe político de Hamás, Ismail Haniyeh, y a su sucesor, Yahya Sinwar) en asesinatos que asestaron golpes tanto simbólicos como operativos a las redes regionales de Irán.
Aunque Teherán se dedicó a llevar a cabo intensas campañas diplomáticas para impedir una confrontación directa con Israel, las repercusiones resultaron inevitables. Irán lanzó cientos de misiles y drones contra Israel en dos operaciones diferentes, en lo que afirmó fue una respuesta a la matanza de sus propias fuerzas en Damasco y de los líderes que las gobernaban.
Israel respondió a los ataques con misiles. Aunque de alcance limitado, los ataques israelíes infligieron daños significativos a la capacidad de defensa y de fabricación de misiles de Irán . Irán cree que el intercambio aún no está equilibrado y que se está preparando una tercera operación.
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