La toma de una serie de ciudades en el noreste de Siria por parte de las fuerzas kurdas proporcionó ventajas significativas al gobierno de Damasco, pero conlleva riesgos en la lucha contra los restos del Estado Islámico, o ISIS, en los territorios capturados.
Los avances del ejército sirio en zonas controladas por las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), lideradas por los kurdos, a principios de enero dieron lugar a una transferencia gradual del control en las zonas críticas de Raqqa, antigua capital de facto del ISIS, y Deir ez-Zor, donde se encuentran la mayor parte de las reservas petroleras de Siria. En este sentido, la responsabilidad de combatir al ISIS —que las FDS habían asumido durante más de ocho años— ha sido asumida de hecho por el ejército sirio.
A medida que el gobierno encabezado por el presidente interino Ahmed al-Sharaa busca reafirmar la autoridad central, ha buscado desmantelar las estructuras militares paralelas, incluidas las FDS, y devolver el territorio que controlan al Estado. Como parte de un acuerdo de alto el fuego alcanzado el viernes, las FDS y Damasco acordaron la integración gradual de las fuerzas kurdas, según declaraciones idénticas emitidas por ambas partes.
El cambio de postura de Estados Unidos, que ha dejado de apoyar a las FDS y se ha inclinado hacia una mayor interacción con la Sharaa, además del levantamiento de las sanciones contra Siria, indica que Washington ahora depende más de Damasco en la lucha contra el ISIS. En esta confrontación, Damasco cuenta con serias desventajas, así como con varios puntos a su favor.
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