Turquía está capeando el impacto energético inmediato de la guerra con Irán , pero esta perturbación está dejando al descubierto la fragilidad de un sistema dependiente de las importaciones, vulnerable a los conflictos prolongados y al aumento de los precios mundiales.
La guerra con Irán no está provocando escasez de energía en Turquía en este momento. Pero si el conflicto continúa, a medida que la oferta mundial se reduce y los precios suben, Turquía tendrá que encontrar un equilibrio entre la estabilidad a corto plazo y los riesgos a largo plazo.
Los mercados energéticos mundiales se han visto sacudidos por la guerra, ya que Irán ha cerrado de facto el estrecho de Ormuz, por donde normalmente fluye aproximadamente una quinta parte del petróleo y el gas natural licuado del mundo. Los ataques iraníes contra la infraestructura energética en el Golfo y en toda la región han obligado a recortar la producción y a paralizar las exportaciones.
Según la Agencia Internacional de Energía, la guerra ha reducido el suministro mundial en unos 8 millones de barriles diarios, lo que supone una de las mayores interrupciones en décadas. Los precios del petróleo han superado los 100 dólares por barril, mientras que las exportaciones de GNL y las rutas de transporte se han visto afectadas, lo que ha provocado una mayor escasez en los mercados mundiales de gas y un aumento de los costes de transporte y seguros.
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