TEHERÁN — La reciente discordia en el seno de la clase política iraní apunta a una creciente división entre los máximos dirigentes del país y sugiere que alcanzar un acuerdo con Estados Unidos podría volverse cada vez más difícil a medida que se profundizan las divisiones internas.
Una declaración del ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, el viernes X, en la que confirmaba la decisión de Irán de "abrir completamente" el estrecho de Ormuz durante el alto el fuego entre Estados Unidos e Irán, provocó una fuerte reacción en contra dentro de los sistemas políticos y de seguridad de Irán.
Los medios de comunicación vinculados al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) criticaron rápidamente la afirmación. Tasnim la calificó de «mala e incompleta», mientras que Fars y otros señalaron la «ambigüedad engañosa» en torno a la reapertura del estrecho. Afirmaron que las fuerzas armadas iraníes seguirían decidiendo qué embarcaciones pueden transitar por la vía marítima internacional y cuáles no.
La amplitud de la respuesta —procedente de legisladores conservadores, la televisión estatal y comentaristas afines al régimen— pone de manifiesto una creciente división en torno al control tanto del discurso como de la estrategia general en la confrontación con Estados Unidos.
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