El estrecho de Ormuz se ha erigido durante mucho tiempo como el punto de estrangulamiento energético más peligroso del mundo. En 2026, ese escenario de riesgo se convirtió en realidad, cuando la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán cerró de facto la vía marítima que normalmente transporta aproximadamente el 20 % del suministro mundial de petróleo, al tiempo que puso de manifiesto la escasez de alternativas que los productores del Golfo habían desarrollado para evitar esta ruta.
Los mercados han reaccionado en consecuencia. Los precios del petróleo se han disparado cerca de un 90%, superando los 100 dólares por barril, en medio de advertencias de que una interrupción prolongada podría elevar el crudo hasta los 200 dólares. Las consecuencias van mucho más allá de los mercados energéticos: afectan a los sistemas alimentarios, la producción industrial y la economía global en general. La variable clave es la duración, pero Irán ya ha demostrado que puede restringir el transporte marítimo a través del estrecho de Ormuz en el futuro previsible, a menos que haya una escalada importante o se recurra a la diplomacia. Para los estados del Golfo, este statu quo es insostenible.
Por ahora, la mayoría de los exportadores tienen pocas opciones viables. El almacenamiento está saturado, lo que obliga a detener la producción. Sin embargo, Arabia Saudita destaca como una importante excepción: el oleoducto Este-Oeste de Aramco, capaz de transportar hasta 7 millones de barriles diarios a través de la Península Arábiga hasta el Mar Rojo, se ha convertido en una válvula de escape global, ayudando a prevenir aumentos de precios aún más drásticos.
La repentina importancia de este oleoducto surge en medio de un renovado interés por evitar por completo el estrecho de Ormuz. Algunas propuestas que circulan en internet, como un canal de 100 mil millones de dólares que conectaría los Emiratos Árabes Unidos con el Golfo de Omán, rozan lo inverosímil. También es probable que resurja el interés por reactivar megaproyectos como el Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa, respaldado por Estados Unidos. Pero la pregunta fundamental es: ¿qué se puede construir realmente, y con qué rapidez, para reducir la futura dependencia de un punto estratégico ahora controlado por Irán?
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