El futuro de Hussein Sheikh , recién elegido vicepresidente del Comité Ejecutivo de la OLP y vicepresidente del Estado de Palestina, sigue siendo incierto. Estos cargos lo posicionan como un probable sucesor de Mahmud Abás, situándolo en la línea de liderazgo, incluso cuando persisten las dudas sobre si Sheikh —una figura envuelta en controversias y generalmente vista con escepticismo por amplios sectores de la población palestina— podrá liderar la causa palestina bajo la sombra del expresidente Yasser Arafat y, en menor medida, de Abás.
A diferencia de muchas figuras prominentes del liderazgo palestino, Sheikh, originario de los territorios ocupados y ex preso en cárceles israelíes, no es un líder local típico y podría representar a una nueva generación después de Arafat y Abbas, quienes crecieron fuera de los territorios ocupados. Sheikh pasó aproximadamente diez años, de 1978 a 1988, en una prisión israelí de joven, una experiencia que moldeó tanto su visión política del mundo como su reputación entre los palestinos. No está claro por qué fue encarcelado ni si fue acusado de algún delito.
Con el respaldo del poderoso Comité Central de Fatah y junto a Majed Faraj, jefe del aparato de inteligencia palestino, es quien tiene mayor potencial para influir en la política palestina. Sus partidarios esperan que aproveche sus relaciones con Israel —incluida su anterior función de coordinación con las autoridades de seguridad israelíes— para salvaguardar las aspiraciones nacionales palestinas o, como mínimo, frenar la escalada de la crisis en Cisjordania y Gaza.
Un camino divisivo por delante
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