El rechazo del presidente Donald Trump a las peticiones del príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman para lanzar ataques contra los hutíes el jueves ha puesto de manifiesto la creciente vulnerabilidad —y el aislamiento— del reino ante la renovada campaña hutí por el control del estrecho de Bab al-Mandeb . El príncipe heredero llamó a Trump dos veces y fue rechazado en ambas ocasiones, según Axios, medio que dio a conocer la noticia.
La noticia, confirmada a Al-Monitor por un alto funcionario radicado en el Golfo, se produjo cuando el grupo militante respaldado por Irán alcanzó el viernes la estratégica isla de Perim, en el punto más angosto de Bab el-Mandeb. Esto ocurrió tras la captura, el jueves, del puerto estratégico de Mokha, en el Mar Rojo, por parte del grupo, a las fuerzas progubernamentales respaldadas por Arabia Saudí, que no lograron detener el avance hutí a pesar del apoyo aéreo saudí constante. El precio del crudo Brent superó los 105 dólares por barril, su precio más alto desde julio, tras la caída de Mokha.
La reacción de Trump no debería haber sorprendido a nadie, según comentaron a Al-Monitor varios funcionarios regionales que hablaron bajo condición de anonimato. Funcionarios estadounidenses han declarado que la administración no tiene previsto emprender operaciones militares directas contra los hutíes, a pesar de que decenas de asesores militares estadounidenses permanecen en Arabia Saudí y crece la preocupación por las repercusiones de los avances hutíes en el conflicto con Irán. El jefe del CENTCOM, el almirante Brad Cooper, viajó a Arabia Saudí el jueves para mantener lo que se describen como conversaciones urgentes de coordinación. Sin embargo, según las fuentes, hay pocos indicios de que Washington vaya a modificar su postura.
Estados Unidos no ha mostrado interés en un conflicto con los hutíes desde que alcanzó un acuerdo con el grupo, mediado por Omán, en mayo del año pasado. La administración Trump acordó cesar los bombardeos contra objetivos hutíes en Yemen a cambio de que estos se comprometieran a dejar de atacar buques estadounidenses en Bab el-Mandeb y el Mar Rojo. "El entendimiento era que los saudíes contendrían la amenaza hutí por sí solos", declaró una de las fuentes consultadas por Al-Monitor. Sin embargo, el inicio del conflicto con Irán en febrero trastocó esos planes.
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