En medio de un enfrentamiento de alto riesgo entre Estados Unidos e Irán a principios de 2026, Teherán ha vuelto a una táctica familiar: generar nerviosismo amenazando el punto de estrangulamiento petrolero más importante del mundo.
El 29 de enero, la cadena iraní Press TV informó que las fuerzas navales de la Guardia Revolucionaria de la República Islámica realizarían ejercicios con fuego real los días 1 y 2 de febrero en el estrecho de Ormuz, la estrecha vía fluvial por la que fluye aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial. Esta es una señal habitual de Teherán, que desde hace tiempo ha amenazado los envíos de energía en el estratégico estrecho frente a su costa sur ante la presión externa.
Esta vez, sin embargo, la situación arriesgada podría ser diferente. Las tensiones entre Estados Unidos e Irán han alcanzado un punto crítico a medida que las fuerzas militares estadounidenses se concentran en la región. El 28 de enero, el presidente estadounidense, Donald Trump, advirtió a un Teherán reticente que negociara un acuerdo nuclear o se enfrentaría a un ataque "mucho peor" que el bombardeo estadounidense de sus instalaciones nucleares el verano pasado. Esto ocurrió mientras un portaaviones estadounidense y otros recursos militares llegaban a la región.
Para los estados del Golfo y los mercados globales, esta postura ha reavivado temores de larga data de que una confrontación directa —o un colapso del régimen en Irán— pudiera extenderse a través de las fronteras, perturbando los flujos de petróleo, sacudiendo los precios y los mercados financieros y socavando la imagen cuidadosamente cultivada del Golfo como un refugio estable de riqueza y centro de negocios.
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